Todo el tiempo que permanecemos en la Tierra, es el que necesita al espíritu para su progreso material, cumplido éste deja la materia y vuelve al mundo espiritual.
Cuando el espíritu toma conciencia que ha dejado la materia y recuerda todas las vidas que estuvo en la Tierra, lo que hizo o dejó de hacer, elije el momento de volver, el camino que debe seguir, las pruebas a superar, la familia y el lugar donde ubicar su desarrollo.
Según la interpretación de Michel T. Ardán, en su libro ¿Qué es la reencarnación? "... es la reincorporación del alma a un nuevo cuerpo y la idea fundamental de la reencarnación es que el alma, al morir el cuerpo material, se eleva al mundo espiritual para volver más tarde al mundo material dentro de un nuevo cuerpo, dentro de un recién nacido... La idea de una vida espiritual después de la vida material ha conformado a muchas culturas. Los castigos o premios del más allá, dependiendo de la mala o buena conducta durante la permanencia en la tierra, le da un sentido a la vida. La civilización primero y la ciencia después, nos han dado el sentido de ubicuidad, pertenecemos a una familia, a un pueblo, a una nación, a un planeta, tenemos una identidad, una personalidad, unas habilidades y unos defectos.
Pero no todos han visto la existencia desde la misma perspectiva. Una sola vida material y una sola vida espiritual no ha sido suficiente para muchos pueblos. Una condena eterna por los pecados de una sola vida les parecería un castigo injusto, exagerado y desproporcionado. Pero el nacer, vivir y morir varias veces, recorriendo un camino distinto en cada vida, les parece más correcto. ¿Cómo aprender una ciencia y un arte milenarios si no se vive varias veces?. ¿Cómo presentarse en el cielo siendo impuro e ignorante?. Sólo reencarnándose varias veces, desde este punto de vista, se puede lograr la perfección.
Algunas culturas, han pensado en una reencarnación en otros mundos tan materiales como el nuestro, o en la reencarnación en animales, plantas o cosas, ya sea por castigo o por el sentido de volver a la tierra, o en la simple reencarnación en un mundo ideal, paradisiaco, en el que ya no hay penas, fatigas ni muerte.
En suma, que ninguna cultura ha dejado de responder, a su manera, las interrogantes fundamentales del hombre. Ningún pueblo ha vivido sin un pensamiento mágico, espiritual o religioso. En todas las latitudes se han levantado las voces para hablar de la existencia de un más allá, con el fin de darle un sentido a nuestra existencia y de entre las voces, una parece responder más a nuestras necesidades espirituales, la que ha clamado desde tiempos inmemoriales por la reencarnación.
HINDUISMO. Al hablar de reencarnación no se puede soslayar a los precursores de la teoría: los hindúes.
Pero lejos de lo que se cree en los círculos esoteristas, la India milenaria no siempre ha sido partícipe de la teoría de la reencarnación. Los diferentes movimientos religiosos que han influido en su cultura han sido varios, incluso hoy en día existen diversas tendencias religiosas. Lo que sí podemos decir es que el pueblo indio, en su inmensa mayoría, es un pueblo religioso. Desde los indoarios hasta gitanos del Punjab, desde los adoradores de Shiva hasta los seguidores del Islam, los indios viven la religión en una mística diaria y esto parece ser así desde el principio de los tiempos. Pero la idea de la reencarnación, según Alain Daniélou, entre otros, no aparece en la India junto al shivaísmo ni junto al vedantismo, sino que se manifiesta tardíamente en el jainismo, de donde pasa al budismo (que tampoco contempla la reencarnación en un principio), para volver a las "modernas" creencias del pueblo indio. Para el shivaísmo, por ejemplo, la inmortalidad no existe y si la inmortalidad no existe, el planteamiento de la reencarnación y la evolución espiritual quedan fuera de lugar. Los seres humanos no son otra cosa que un capricho, una fantasía de Shiva, un juguete intrascendente de su estado de ánimo. Cualquier cosa que vaya en contra de la libertad creadora y destructora de Shiva, incluido el karma, es una ofensa contra su total omnipotencia. ...
SAMSARA, EL CURSO COMÚN. El hinduismo evolucionó sus ideas religiosas y, con el tiempo, el "jiva" llegó a considerarse como un alma individual proveniente del "atman" o alma universal de la que todas las almas proceden. Al considerarse el "jiva" como alma individual, se hizo una pequeña concesión al ego humano, tan ávido de trascendencia y la teoría de la reencarnación hecho raíces entre el pueblo indio. Esta concesión le permite al ser humano imaginarse más o menos inmoral, más o menos trascendente mientras dure el "samsara", es decir, mientras dure el curso común de la existencia. Dentro del "samsara", el "atman" puede ser considerado como una línea continua donde se manifiestan las diferentes almas individuales en diversos cuerpos, permaneciendo durante un largo período de tiempo, casi una eternidad, vida tras vida y muerte tras muerte.
De esta manera, el hombre tiene la ilusión, "maya", de la existencia personal y de la trascendencia de su propio ser en una perpetuidad que durará mientras el "jiva" siga manifestándose en sucesivos cuerpos. Esta ilusión de la reencarnación que conlleva la ilusión de la trascendencia y la evolución espiritual, pero ilusión al fin y al cabo, terminará igualmente cuando el "jiva" se reuna con el "atman" nuevamente. ...
BUDISMO. A menudo confundimos los preceptos hindúes con los preceptos budistas en todo lo que se refiere a religión y pensamiento mágico oriental.
El budismo, como macrorreligión de oriente, fue adoptando las diferentes creencias de los distintos pueblos asiáticos, pero en sus inicios no parece haberse pronunciado ni a favor ni en contra de la reencarnación. Con el tiempo y con la incursión de las ideas mesiánicas del jainismo, el budismo ha llegado a tener muchos puntos en común con las teorías de reencarnación hinduistas. Para el budismo, por ejemplo, no existe la personalización de las almas ni de las individuales ni de la eterna. En el budismo, más que una manifestación de lo divino, el hombre sólo es un punto transmisor de lo continuo. Y si en el hinduismo la ilusión de vivir termina cuando el impulso vital, "jiva", deja de reencarnarse, para el budismo el "maya" de vivir no termina hasta que el hombre se libera de dicha ilusión. Para el budismo las reencarnaciones son dolorosas, porque el mundo es doloroso y sus experiencias vivenciales también lo son. La reencarnación en un error, un absurdo del yo que quiere ser algo en un mundo que en realidad no es nada. El hinduista intenta evolucionar vida tras vida, pasando de una casta a otra hasta alcanzar la casta brahmánica que le permitirá liberarse de esta vida y unirse al "Atman", pero para el budista no hay castas que alcanzar vida tras vida y, al menos en teoría, el budista puede liberarse de la vida y de la personalidad "despertando" (que es lo que quiere decir la palabra budismo) del "maya" sin importar la posición social a la que pertenezca.
Como todas las grandes religiones, el budismo se fue complicando en dogmas y autos de fe, en prácticas humanas y jerarquías, complicando a su vez la idea de la reencarnación y de la posible liberación del hombre, con excepción del Zen. ...
EL BARDO. Son precisamente los budistas tibetanos, los que más se han centrado en el tema de la reencarnación y los que más han impresionado con sus teorías a los occidentales. Alejados de las ideas originales de los budistas, que buscan el "nirvana" del no ser, los lamas creen que se puede "despertar" justo en el momento de la muerte y volver a nacer. Para los budistas tibetanos existe un lugar llamado "bardo" al que se va después de morir. El "bardo" es una especie de purgatorio donde permanece el alma entre reencarnación y reencarnación, es la zona intermedia entre la desencarnación y la encarnación, en la que el ser intentará liberarse. Para ello contará con 49 días y con la guía que le dará el lama en el lecho de muerte, leyéndole el Libro Tibetano de los Muertos, el "Bardo Thodol", pegando los labios a su oído. En la práctica, más que una liberación total de la vida, el budista tibetano pretende o logra, una iluminación, un viaje lúcido en el más allá y el roce del "nirvana" cuando se encuentra en el "bardo", para emular a Buda, pero ello no le libera para siempre de una próxima encarnación.
El purgatorio cristiano, presumiblemente hijo del "bardo" budista, es más definitivo, pues manda al alma al infierno o al cielo o bien, le obliga a permanecer ahí hasta el día del juicio final. ...
EGIPTO. Fuera de las teorías orientales, que son las que más han calado en el ánimo reencarnacionista occidental, se encuentran las ideas egipcias, que han aportado su grano de arena al ser interpretadas por nuestra óptica. Los occidentales hemos querido ver en los egipcios un sentido reencarnacionista por todas las molestias que se tomaban con sus muertos, pero la realidad es que su sentido de reencarnación no pertenecía a este mundo. En el antiguo Egipto, la única forma de reencarnación posible en este mundo era la de ser devorado por un enemigo vencedor es la batalla, que creía adquirir las virtudes personales del vencido al beber su sangre y comer su cuerpo. La otra forma arcaica de reencarnación entre los pueblos egipcios es muy parecida a las creencias de diversos pueblos alrededor del mundo. Esta reencarnación tendría lugar en otro mundo físico, pero no en el nuestro. Por ello, el muerto era enterrado con sus armas, sus joyas y una buena carga de alimentos que le permitirían defenderse en el nuevo mundo mientras se adaptaba a éste. Esta práctica, más o menos refinada, pervivió en el antiguo Egipto durante milenios. Y sólo los faraones y los sacerdotes tenían pretensiones más o menos espirituales después de la muerte, como la de convertirse en nuevos dioses o la de acompañar a Ra en su carro celeste, mientras que el resto de la población tenía suficiente con pensar que reencarnaría en el más allá o mundo interior, con su propia personalidad y apariencia, en un lugar, los Campos Elíseos, donde no pasaría penalidades, arropado por buenas cosechas, trabajo seguro y clima agradable. Incluso con la evolución y complicación de la religión egipcia, las creencias apuntaban hacia unas necesidades físicas del ser después de la muerte al seguir pensando que las siete partes de que se componía continuaban amando y comiendo o sufriendo y pasando hambre, ya fuera por las ofrendas que les llevan sus deudos o por lo que pudieran encontrar en el más allá.
Y de haber una reencarnación en esta misma vida, se haría en el propio cuerpo, embalsamado y preparado para tal fin, emulando la reconstrucción de Osiris y no en el cuerpo de un recién nacido.
GRECIA Y LA METEMPSICOSIS. En los pueblos antiguos que confluyeron en la cultura griega y en la misma Grecia antigua, la muerte y el más allá eran vistos como fenómenos tristes y grises. Los antiguos griegos, persas y babilonios veían en la muerte un futuro gris y desalentador, una eternidad triste y, por supuesto, sin reencarnación algún a. Los dioses campeaban a su antojo, pero los pobres mortales tenían un destino fatal. Tuvieron que pasar muchos años para que en Grecia anidaran las ideas orientalistas sobre la vida y la muerte. La metempsicosis fue la gran baza en el cambio de orientación filosófica y religiosa de los griegos. Ni la del pensamiento ni el paganismo mitológico volvieron a ser los mismos después de que Platón y Pitágoras apostaran por esta teoría. El pueblo seguía adorando a los antiguos dioses, pero el sentido de la muerte y la vida habían cambiado, ahora existía una esperanza de trascendencia y perpetuidad vedada a los seres humanos hasta entonces.La metempsicosis no es otra cosa que la transmigración del alma, de un cuerpo a otro, después de la muerte. Este cuerpo, como en algunas teorías hinduistas, no tiene por qué ser humano necesariamente. La reencarnación, en este orden de ideas, puede recaer en cualquier animal: toro, vaca, caballo, paloma, etc. y para evitar la terrible idea de comerse a un semejante, los pitagóricos incluían entre sus doctrinas el vegetarianismo. Sociológicamente hablando, es lógico que en un clima cálido como el de la India el consumo de carnes sea peligroso, pero no en Grecia. Quizá por eso la adopción del vegetarianismo no haya sido tan bien recibida como la idea de la reencarnación. Es más, a efectos religiosos y oficiales la idea de la reencarnación no entraba en los esquemas griegos. Sin embargo, a nivel popular y personal, tanto señores como vasallos empezaron a acariciar la idea de volver a nacer. Dos mil quinientos años después seguimos igual en occidente. Las religiones judeocristianas siguen sin reconocer a la reencarnación como una teoría válida teológica, pero sus fieles la siguen adoptando como una posibilidad agradable y una tesis posible y hasta cierto punto lógicamente probable. En otras palabras, la idea de la reencarnación ha seguido un camino marginal que con la espiritualidad oficial.
Espiritistas, antroposofistas, rosacruces, masones y todos los que se sientan algo esotéricos, creen en la reencarnación, aunque sean principalmente los teósofos los que hayan adecuado las teorías de la metempsicosis y la reencarnación budista, brahmánica e hinduista al pensamiento de los occidentales, mezclándolo todo y dándole un sentido de aspiración divina y eterna que sonrojaría al mismo Buda, pero que no se aleja sustancialmente de los pensamientos platónicos y pitagóricos. Todo ello se debe a que los pensadores griegos jugaran un importante papel en las cabeceras de los césares romanos, influyendo en sus ideas y pensamientos, tanto en lo político y sociológico, como en lo moral, lo mágico y lo religioso.
No hay que olvidar que es a los consejeros griegos a quienes debemos la adopción y propagación de las ideas religiosas judías y cristianas dentro del imperio y la religión romana, que terminó transformando a un imperio sustentado por las armas, a un imperio sustentado por la religión, sin dejar de alentar en los emperadores su supuesto origen divino y destino superior, es decir, sin dejar de alentar en los jerarcas las ideas mágicas, marginales y paralelas a la religión y a la posición oficial.
CRISTIANISMO. Es por ello que en las primeras épocas de la religión católica, aún lejos de propugnar el cristianismo como se nos ofrece hoy en día, la reencarnación no haya sido anexionada ni desmentida. Siempre que se habla del tema aparece inevitablemente la figura de Orígenes, filósofo discípulo de Clemente de Alejandría, al que se le achacan, quizá por desconocimiento, teorías sobre la reencarnación. Lo que en realidad hizo Orígenes, siguiendo las enseñanzas de Clemente, fue tratar de armonizar la fe cristiana con la filosofía clásica y en su empeño discrepó de la doctrina ortodoxa llevada hasta entonces (siglo II de nuestra era).
Orígenes defendía la subordinación del Hijo del Padre, es decir, de Cristo a Dios, evitando darles la misma personalidad, de la misma manera que defendía que Dios tenía la capacidad de haber creado múltiples mundos intemporales, de la misma manera que había creado el nuestro. Orígenes mantenía que Dios había creado a todos y cada uno de los espíritus existentes en la eternidad. Estos espíritus eran, inicialmente, ángeles. Pero con la rebelión se constituyeron tres grupos: 1-Los ángeles rebelados que fueron lanzados al infierno y convertidos en demonios. 2-Los ángeles leales que permanecen en el cielo al lado de Dios.3-Y los ángeles que permanecieron indiferentes y que no tomaron partido en la revuelta. Estos fueron condenados a vivir terrenalmente durante un período de prueba y no son otros que los seres humanos.
Orígenes decía que los hombres, después de la muerte, podían encontrar la salvación a pesar de lo buena o mala que hubiera sido su vida terrenal (como apuntan los lamas tibetanos con referencia al "bardo"). Que los espíritus existían desde mucho antes de encarnarse (como apuntaba el hinduismo) y defendía, sobre todo, la apocatástasis o la teoría de que al final de los tiempos todo volverá al seno de Dios, incluidos ángeles, hombres y demonios, sin importar virtudes, personalidades ni pecados (como asegura el brahmanismo).
La iglesia rechazó sus tesis en vida y las condenó 145 años más tarde (399 d.c.) y también en el 553, pero en ninguna de las condenas, ni en los escritos de Orígenes, se habla explícitamente de reencarnación.
Orígenes, como filósofo seguidor de los clásicos, debió conocer, e incluso compartir, las teorías pitagóricas y platónicas sobre la metempsicosis, pero sus tesis nada tienen que ver con ello. Así que decir que la Iglesia aceptara o rechazara la reencarnación basándonos en los juicios que hizo sobre las especulaciones de Orígenes, no tiene ningún sentido. La iglesia jamás ha tenido a la reencarnación dentro de sus dogmas. Cristo resucitado a los tres días y la vuelta de Lázaro desde el más allá no son fenómenos de reencarnación o metempsicosis propiamente dichos. En todo caso, guardan mayor consonancia con las ideas egipcias de que el alma podría volver algún día a su propio cuerpo.
Para el cristianismo, el alma nace cuando nace el individuo y llega al cielo si profesa la fe católica, queda en el purgatorio si no la profesa o se condena eternamente al infierno si la transgrede y en el juicio final sabrá si ha de vivir o morir para siempre. No hay más.
Los mismos espiritistas cristianos podrán creer en los fantasmas y en los espíritus, incluso creen que las ánimas del purgatorio y el espíritu de algunos pecadores se pueden salvar en el más allá, pero no aceptan en absoluto la idea de la reencarnación, es más, la rechazan de plano. Si hacemos una encuesta podemos descubrir que la mayoría de los cristianos creen superficialmente en la reencarnación, de una o de otra manera, pero eso no quiere decir que la acepten del todo ni, mucho menos, que la reconozca la Iglesia.
JUDAÍSMO. Aunque A. E. Waite, al traducir la "Kabbalah Denudata", se haya deslumbrado con la posibilidad de que el pueblo de Israel haya creído alguna vez en la reencarnación, los hebreos, como buena base del catolicismo, sólo contemplan la posibilidad de salvar el alma cumpliendo en vida todos los preceptos de su Dios.
Para los hebreos sólo hay una ley, un premio y un castigo. Quien cumpla la ley estará al lado de Dios y quien no la cumpla será destruido para siempre. No hay un "antes", pero sí hay un "después" para lo creado. Y dentro de la doctrina hebrea el hombre es creación de Dios.
Adán y Eva pecaron y fueron castigados levemente, por ser los primeros, con la mortalidad y el sufrimiento de los mortales al ser arrojados del paraíso terrenal. Pero los pueblos y gentes, que no le entraron por el ojo a Dios posteriormente, fueron destruidos sin misericordia.
Más tarde, viendo Dios lo falibles que le habían resultado los seres humanos, hizo una alianza con unos profetas y un pueblo determinado: Israel, a los que impuso unas leyes y exigió un comportamiento, para premiarles o castigarles en el momento oportuno, muchas veces sin esperar a que les llegara la muerte, pero nunca les habló de reencarnarse para tener otra oportunidad vital.
Es más, el simple hecho de no haber sido encarnado por alguno de los descendientes de aquel remoto pueblo de Israel, priva a cualquier ser humano de la posibilidad de alcanzar la felicidad eterna en compañía de Dios.
La directa y sencilla propuesta hebrea no ha sido obstáculo para que los cabalistas y otros esoteristas hayan "descubierto" en la Biblia miles de mensajes, con cifras y datos, sobre la reencarnación en la doctrina judía.
El Árbol de la Vida y sus diez "sephiroth" han dado lugar a todo tipo de especulaciones sobre la reencarnación y el ascenso y descenso de la evolución espiritual, pero ello no quiere decir que la religión judía contemple en absoluto la tesis de la reencarnación entre sus leyes y sus doctrinas, al contrario, la religión judía se precia de basar sus apreciaciones teológicas en hechos y pruebas dados por Dios en determinados momentos de la historia. Es decir, que su religión no pretende ni ha pretendido basarse nunca en magias y especulaciones, sino en pruebas directas y en el estricto seguimiento de la palabra de Dios.
Sin embargo, tampoco serán pocos los hebreos que crean personalmente que la reencarnación es posible.
CONCLUSIÓN. En suma, la historia de la reencarnación, desde un punto de vista objetivo, nace en la India hace unos 3600años a la sombra del brahmanismo, pero no adquiere solidez hasta la aparición del jainismo, siglo VI a. de c., es decir, hace sólo 2600 años. Hasta entonces la mayoría de las religiones, incluidas las orientales, contemplaban la muerte como un paso a un más allá físico, agradable o desagradable, donde se conservaba la personalidad o se reintegraba a la naturaleza.
El jainismo fue precursor del budismo y del hinduismo y se opuso rotundamente al brahmanismo. De ahí que tanto el budismo como el hinduismo adopten la reencarnación como un dogma religioso, a pesar incluso de Buda, que curiosa y kármicamente nació en el mismo siglo que el jainismo.
En occidente sólo Platón y Pitágoras recogen la idea de la reencarnación, influidos sin duda por el tremendo movimiento religioso de oriente. No hay que olvidar que Pitágoras fue contemporáneo de Buda y el jainismo y que Platón nació sólo 160 años después.
Desde entonces nadie había tratado seria y rigurosamente el tema en occidente, hasta que Madame Blavatsky incursiona en el teosofismo con un sólido conocimiento sobre el budismo Mahayana (chino, japonés e indio) y el budismo tibetano y propaga de manera ordenada para el pensamiento europeo las teorías orientales de la reencarnación.
Por supuesto que Eliphas Lévi y Allan Kardec habían pronunciado tesis reencarnacionistas más o menos sólidas e interesantes y que muchos otros esoteristas habían seguido las fuentes pitagóricas y platónicas con mayor o menor éxito y acierto, dando uno que otro tinte orientalista a sus teorías, pero nadie profundizó tanto como Madame Blavatsky en el tema. A partir de este punto los trabajos de y sobre la reencarnación abundan ...".